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Juan Carlos Ruiz Franco
Advertencia: describimos productos
comercializados por laboratorios legales, no drogas prohibidas. El
propósito de este artículo es informar sobre las sustancias disponibles
en el mercado, no recomendar ninguna de ellas. Tan sólo citamos
principios activos, sin marcas concretas de venta en España, a fin de
evitar hacer publicidad de medicamentos con receta. No fomentamos el uso
de drogas y estamos en contra del consumo no responsable.
Segunda
parte del artículo Tercera
parte del artículo
En nuestra sociedad el deseo de sentirse
mejor, de disfrutar y divertirse, de rendir más mediante la ingesta de
estimulantes es bastante habitual, y de ahí la popularidad de los
productos excitantes, unos tan habituales y suaves como el café o los
refrescos de cola, y otros de mayor potencia, como la cocaína o las
anfetaminas. Algunos deportistas, por su parte, utilizan la efedrina,
los anabolizantes, los beta-adrenérgicos y otras sustancias ergogénicas.
En este artículo vamos a hablar sobre un fármaco que está de actualidad
por su empleo en una (supuesta) enfermedad y para fines recreativos.
Nos referimos al metilfenidato, una
sustancia de moda gracias a que se prescribe para el tratamiento de
niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)1.
Pero no es esa su única indicación: se emplea para combatir la
narcolepsia, problema que consiste en caer dormido durante el día sin
poderlo evitar, muchas veces sin previo aviso. También se utiliza en
algunos tipos de depresión y para combatir la obesidad (como anorexígeno).
Y no podemos olvidar su uso recreacional —solo o combinado con otras
drogas—, donde no siempre abunda la prudencia.
Bart Simpson, niño hiperactivo
Para entrar en materia hablando de
cosas divertidas, confieso que me encanta la serie de los Simpsons (¿a
alguien no?), con esos personajes y esas historias que describen
fielmente lo que ocurre en nuestro mundo. Matt Groening demuestra ser un
verdadero artista al reflejar la vida cotidiana de la familia
norteamericana media con altas dosis de humor. Entre todos los capítulos
mi favorito es aquel en que al inquieto Bart se le prescribe un fármaco
para que deje de ser tan travieso y pueda concentrar su atención con el
objetivo de aprender y ser alguien en la vida2.
El medicamento se llama Focusyn, clara alusión al Focalin
—una presentación comercial de metilfenidato que se obtiene mediante una
modificación del popular Ritalin3—,
con un nombre más atractivo aún por haberlo derivado de focus
(“concentrarse”, en inglés). Nuestro pequeño gamberro se convierte,
gracias a la droga, en todo un “cerebrín” activo y ocupado. Sin embargo,
poco después comienzan los efectos secundarios: paranoia con manía
persecutoria.
Resumiendo el contenido del
capítulo, el director Skinner organiza un simulacro de incendio en el
colegio, coyuntura aprovechada por Bart para liar una de las suyas.
Después, el director llama a los padres del niño —Homer y Marge— para
hablar con ellos e informarles de la travesura. Tras describirla y
mostrar a los padres la nefasta influencia de Bart en clase, Skinner da
su diagnóstico: “No podemos escapar a la verdad. Bart muestra un caso
típico de Síndrome de Déficit de Atención, que induce a los niños a
hacer travesuras y distraerse... Señora Simpson, me temo que tendré que
expulsar a su hijo, a no ser que acepte probar una nueva droga poco
ensayada y potencialmente peligrosa, llamada Focusyn”. Así pues,
Skinner, como si de un experto psiquiatra se tratara, diagnostica al
niño de hiperactividad y recomienda que tome un medicamento para la
supuesta enfermedad. Tras una visita al laboratorio y la consiguiente
negativa de Bart —quien dice no querer consumir drogas— Marge le
convence para que ingiera la medicación, con lo que su conducta mejora
inmediatamente: presta atención en el colegio, respeta a sus padres,
lee, estudia y aprovecha el tiempo al máximo. Sin embargo, pronto
comienzan los efectos secundarios (y no se trata de la broma que gasta a
su madre: “estoy sufriendo algunos efectos secundarios por culpa de la
droga, los huevines no me caben en los calzoncillos”, dice mientras
tiene metidos dos bultos redondos en la parte delantera de los
pantalones), sino que se vuelve paranoico y cree que la Liga de Béisbol
Profesional realiza espionaje y controla las mentes por medio de
satélites. Los médicos recomiendan que deje el fármaco, pero Bart se
niega, ingiere varios puñados de pastillas y huye. Después llega a un
cuartel del ejército y roba un tanque, con el que irrumpe brutalmente en
Springfield, su ciudad. Se dirige al colegio, apunta hacia él con el
cañón y, cuando todo el mundo piensa que va a destruirlo, dispara al
cielo y derriba un satélite de la Liga de Béisbol, repleto de datos
confidenciales. Al poco aparece Mark McGwire, famoso bateador de las
décadas de los 80 y 90 quien, en lugar de explicar el asunto del
espionaje, distrae a la gente con su destreza bateadora y esconde los
datos bajo su gorra4.
El genial Matt Groening, crítico
mordaz de la sociedad actual, lanza varias puntadas interesantes para el
tema que nos ocupa. En primer lugar, el diagnóstico lo da el director
del colegio, como si una persona sin formación médica pudiera hacerlo.
Una de las críticas contra el empleo del metilfenidato en niños
inquietos es que la hiperactividad no cuenta con una base biológica
clara, como debe tenerla cualquier enfermedad. Consiste en la
observación del comportamiento del niño, en la realización de unos tests
y en unas pruebas neurológicas poco concluyentes. En realidad, muchos
diagnósticos psiquiátricos no se fundamentan en datos verificables. El
Síndrome de Down es una enfermedad genética; la esquizofrenia parece
tener un fundamento biológico, aunque no se conozca su mecanismo por
completo; igual sucede con el autismo, el retraso mental y otros
problemas. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la hiperactividad, la
depresión o la ansiedad, en las cuales no es tan evidente el factor
fisiológico, o bien los factores ambientales y de aprendizaje tienen
mucho peso. Una de las razones por las que Thomas Szasz afirma que la
enfermedad mental es un mito consiste en la ausencia de pruebas
objetivas que permitan catalogar los trastornos psíquicos como
enfermedades reales5.
Por esa razón la hiperactividad no llega a esa categoría, sino que se
considera un síndrome; y por eso mismo es discutible la utilidad de la
prescripción de fármacos.
Otra pulla del autor de los Simpsons es la
aparición de efectos secundarios cuando se consumen medicinas para
problemas psiquiátricos, una terrible plaga a la que no se da
importancia porque se trata de drogas toleradas por el sistema y
recetadas por la clase médica. El número de personas afectadas por
efectos adversos de psicofármacos es mucho mayor que por drogas
psicoactivas. Sin embargo, los problemas iatrogénicos no reciben la
atención que merecen y se les considera algo menor y sin relevancia,
mientras que cualquier intoxicación por psicoactivos dispara el clásico
alarmismo en los medios elevándose a categoría de noticia.
Por cierto, un dato de interés para
los melómanos: el título original del capítulo es Brother's Little
Helper (“El pequeño ayudante del hermano”), una alusión a la canción
de los Rolling Stones Mother’s Little Helper (“El pequeño
ayudante de la madre”), grabada en 1965, incluida en el álbum
Aftermath, de 1966, y que trata sobre el abuso de tranquilizantes
por parte de las amas de casa6:
“Los niños son diferentes hoy en día, oigo decir a todas las madres / La
madre necesita algo que la tranquilice / Y aunque no está realmente
enferma, hay un pequeño comprimido amarillo / Va corriendo al escondite
del pequeño ayudante de la madre / Y él le ayuda en su tarea, en su
agotadora jornada / Doctor, por favor, unos cuantos más / Tras salir por
la puerta tomó cuatro más / ¡Menuda droga! ¡Se está haciendo vieja! / La
vida es mucho más dura hoy, oigo decir a todas las madres / La búsqueda
de la felicidad parece un rollo / Y si tomas más tendrás una sobredosis
/ No más carreras hacia el escondite del pequeño ayudante de la madre /
Sólo te ayudó en tu tarea en el ocupado día de tu muerte”.
Los seguidores del grupo no se ponen
de acuerdo sobre si se referían al Nembutal7,
un barbitúrico (pentobarbital) que viene en pequeñas pastillas
amarillas, o bien a la marca más conocida de diazepam, también de ese
mismo color (que no citamos directamente porque se comercializa en
España8).
Quizá se refirieran al diazepam —aunque por esas fechas sólo llevara un
par de años en el mercado— ya que el Nembutal, a pesar de ser ya
en aquella época un fármaco antiguo, por sus características es menos
probable que pueda ayudar a un ama de casa a realizar sus tareas, sino
más bien a dormir o quedar fuera de combate. Dicho sea de paso, el
pentobarbital es una de las sustancias que tomaba Marilyn Monroe antes
de ser encontrada muerta.
Farmacología
Pasemos a los datos farmacológicos.
El prospecto del nombre de marca más conocido de metilfenidato dice que
es un estimulante débil del sistema nervioso central, con efectos más
marcados sobre las actividades mentales que sobre las físicas. Continúa
admitiendo que no se conoce bien su mecanismo de acción, pero se cree
que consiste en bloquear la recaptación de noradrenalina y de dopamina y
en incrementar la liberación de estos neurotransmisores en el espacio
extraneuronal. No está clara la forma en que ejerce sus efectos mentales
y conductuales, ni tampoco cómo estos efectos se relacionan con el
sistema nervioso central9.
Es cierto que el metilfenidato es más
débil —a igual dosis— que estimulantes clásicos como la metanfetamina o
la cocaína. La afirmación de que su efecto es más mental que físico
parece dudosa, ya que la estimulación es generalizada para todo el
sistema nervioso central, no específica para alguna parte del cuerpo, y
menos para la “mente”, esa supuesta entidad inmaterial o conjunto de
procesos cerebrales que origina nuestra conducta, pensamientos, deseos,
etc. El comentario sobre el mecanismo de acción (“bloquea la recaptación
de noradrenalina y dopamina en la neurona presináptica, e incrementa la
liberación de estas monoaminas en el espacio extraneuronal”) confirma
que se trata de un estimulante.
Pasemos ahora a las indicaciones
reflejadas en el prospecto. El metilfenidato se prescribe para el
Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en niños de
más de seis años y adolescentes, como parte de una estrategia
terapéutica global, cuando otras medidas correctivas se han mostrado
insuficientes. No obstante —aclara el prospecto—, el tratamiento con
metilfenidato no está indicado en todos los niños que presentan este
síndrome, y la decisión de administrarlo debe estar basada en la
evaluación completa de la gravedad y cronicidad de los síntomas del niño
en relación con su edad.
De la posología diremos poco para que
nadie piense que recomendamos el uso de fármacos que se dispensan con
receta. Como es habitual en todo medicamento que se toma por primera
vez, se comienza con una dosis pequeña y se aumenta gradualmente hasta
alcanzar la cantidad óptima, intentando mantenerla tan baja como sea
posible. En general, no es recomendable superar los 60 miligramos
diarios. En niños hiperactivos se empieza con 5 miligramos una o dos
veces al día, y se incrementa la dosis si es necesario. Los pacientes
con problemas de sueño deben hacer la última toma antes de las cuatro de
la tarde. Para la narcolepsia la dosis media es de 20 a 30 miligramos
diarios, administrada en 2 ó 3 veces diarias.
En cuanto a los posibles efectos
secundarios, los más frecuentes son nerviosismo e insomnio, que se
controlan reduciendo la dosis o no administrando el fármaco demasiado
tarde. También hay casos de anorexia transitoria, molestias
gastrointestinales, sequedad de boca, taquicardia, palpitaciones,
arritmia, hipertensión, urticaria y fiebre. Otras reacciones adversas
son: dolores de cabeza, mareo, discinesia (movimientos anormales e
involuntarios) y tics verbales. Raramente o muy raramente se presentan:
presbicia (vista cansada), visión borrosa, hiperactividad, convulsiones,
calambres musculares, corea (movimientos involuntarios de partes
completas del cuerpo), psicosis tóxica, síndrome neuroléptico maligno,
aumento de las transaminasas hepáticas, ligero retraso en el
crecimiento, depresión transitoria y anemia.
(Continuará)
Referencias:
1.Sobre el Trastorno
por Déficit de Atención por Hiperactividad (en inglés):
http://www.nimh.nih.gov/health/publications/adhd/complete-publication.shtml
2.Capítulo “Brother’s
Little Helper”:
http://es.wikipedia.org/wiki/Brother%27s_Little_Helper
3.Sobre el Focalin y
el Ritalin:
http://www.pharma.us.novartis.com/product/pi.jsp
4.Guion del capítulo
en
http://www.snpp.com/episodes/AABF22
5.Szasz, Thomas: El
mito de la enfermedad mental. Círculo de Lectores. En Internet:
http://szasz.com/
6.Web del álbum Aftermath:
http://www.godgammeldags.nu/rolling/stones/aftermath/.
La canción
“Mother’s Little Helper” puede oírse en
http://www.youtube.com/watch?v=j3Hf_OclE8U, en un vídeo con imágenes
sobre la historia del grupo
7.Sobre
el Nembutal:
http://en.wikipedia.org/wiki/Nembutal
8.http://www.rocheusa.com/products/valium/
9.El
metilfenidato en el vademécum médico:
http://www.hipocrates.com/vademe/buscaprodu.phtml?quehacer=1&medica=RUBIFEN
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